Voz con voz de David Palomar y Antonio Reyes Montoya en el Concierto de Otoño

El cante flamenco es un huerto agradecido para el reto de voces. Dos maestros, David Palomar y Antonio Reyes Montoya, interpretaron ese duelo amistoso y fecundo durante el Concierto de Otoño que el COMCADIZ celebró el pasado viernes. David llamaba a Antonio y Antonio a David para darse el relevo o cantar juntos. Y Sí, existe la amistad encima del escenario. 

Le tocó abrir plaza a David, que ha hecho un arte del cante razonado. Palomar canta y explica sus porqués. Si su voz debe grabarse y conservarse para dar esquinazo al paso del tiempo, sus intermedios a modo de confidencias merecerían ser publicadas: David cuenta como si se reuniera con amigos al calor de la lumbre, la aparente facilidad de un tango pero al que no debe faltarle su ‘majaíto’, según lo contaba Mariana Cornejo. La caligrafía sonora de Palomar siempre recurre a los que le han transmitido su maestría. Canta sedente –sentado se agita- y después de alegrarse con unos pasos de baile se yergue ante el micrófono. Es rigoroso y amable, da a su guitarrista, el joven Paco León, una continuación verbal de su contrato no escrito y le concede el 60% de los aplausos. Como en los conciertos de rock, va presentado a sus acompañantes, “la suerte que tenemos hoy de contar con Patricia Cortés y Anabel Rivera a las palmas”. Y va poniendo al corriente al público de cómo el flamenco se hace a la vez de sonidos y silencios.

Antonio es contenido –“ahora unas seguirillas” o cambia de opinión y se lo confía a su guitarrista, ya preparado a los trastes- pero su voz reservada se torna relámpago y látigo, se arquea en su forma musical y se alarga la queja de su letra triste. Y el escenario ya es una casa, un hogar en el que solo se escucharan los sonidos elementales y acogedores de los relojes o los pucheros. Y el guiso, a fuego lento, es ya tierno y desde la cocina expande sus aromas y se abre el apetito.

El mano a mano, servido por la cortesía de Marcha JLT, estalló en el fin de fiesta en el que Antonio llamó a David para que saliera a la puerta de la casa que unos amigos se habían llegado a verle y echarse unos cantes juntos. 

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