VIAJE A LA EMILIA ROMAGNA – 7 AL 13 DE ABRIL DE 2025 

Con un buen madrugón (nunca mejor dicho que “la vida del turista es muy dura”), iniciamos el lunes día 7, el viaje a la región italiana de la Emilia Romagna, con, como siempre, toda la ilusión de disfrutar de unos días a tope y conocer una zona de Italia, para casi todos los 31 viajeros, total o parcialmente desconocida. 

La Emilia-Romaña (en italiano:Emilia-Romagna) es una de las veinte regiones que conforman la República Italiana. Su capital y su ciudad más poblada es Bolonia. 

Está ubicada en la Italia nororiental, limitando al norte con Lombardía y Véneto, al este con el mar Adriático, al sur con Marcas, San Marino y Toscana, al suroeste con Liguria y al oeste con Piamonte. Con más de 4 millones de habitantes es la sexta región más poblada de Italia y con más de22.000 Km. cuadrados la sexta más extensa.

Viaje a la Emilia Romagna

Constituida oficialmente el 7 de junio de 1970, es una región densamente poblada, especialmente en la llanura central. Está compuesta por la unión de dos regiones históricas: Emilia, que comprende las provincias de Plasencia, Parma, Reggio Emilia, Módena, Ferrara y buena parte de la Ciudad Metropolitana de Bolonia, con la capital, y la Romaña, con las restantes provincias de Rávena, Rímini, Forli-Cesena y la parte oriental de la Ciudad Metropolitana de Bolonia. 

Como bien señalaba nuestro Programa Cultural -y merece la pena recordarlo en esta modesta crónica del viaje – la Emilia Romagna o Romaña, “es una región rica en su diversidad de paisajes y lugares históricos y artísticos extraordinarios. Su floreciente industria hace de ella una de las regiones más prósperas de Italia. Es un cofre gigantesco con alhajas monumentales y obras maestras artísticas, con antiguas y famosas universidades“. 

Por mor del tiempo, nuestros organizadores – una vez más nuestra enhorabuena a Carmen y a Ángel por su magnífico trabajo – con total acierto, y dada la imposibilidad de poder ver todas las maravillas de la región, ciñeron nuestras visitas a las ciudades de Bolonia, donde pernoctamos 3 noches, Rávena, Módena y Parma, donde dormimos otras 3 noches, y la verdad es que nos pudimos hacer una perfecta idea de toda la región y, lo que es más importante, de disfrutar de las maravillas que allí se encuentran y también de su comida. Una extraordinaria experiencia en todos los sentidos y con grupo de viajeros inigualables. 

Como antes señalé, iniciamos nuestro viaje en la madrugada del día 7, y nos trasladamos al aeropuerto de Sevilla, para tomar un avión que nos llevó a Barcelona y desde allí al aeropuerto Guglielmo Marconi de la ciudad de Bolonia, nuestro primer destino, a donde llegamos a media tarde y directamente al Starhotels Exceilsior, situado en la Vía Pietramellara, frente a la Estación de Trenes, donde íbanos a pasar las próximas tres noches. Hotel muy bien situado, con el centro de la ciudad a “tiro de piedra”, y muy agradable y acogedor. 

La citada estación de trenes es de triste recuerdo no solo para ciudad de Bolonia sino para todo el país italiano, ya que el día 2 de agosto de 1980 sufrió un gravísimo atentado terrorista, el más grave que haya sufrido Italia tras la Segunda Guerra Mundial, en el que murieron 85 personas y más de 200 resultaron heridas. La organización terrorista de extrema derecha Nuclei Armati Revoluzionari, reivindicó el atentado. 

Nos dio un poco de tiempo para pasear por los alrededores, antes de disfrutar de nuestra primera cena en el hotel y tomar así un primer contacto con la cocina italiana. 

Y tras descansar del largo viaje del día anterior, comenzamos el día 8 a disfrutar de esta bellísima ciudad, al igual que, en los sucesivos días, íbamos a visitar, acompañado de nuestra guía Adriana. 

Nuestra guía empezó contándonos que Bolonia era y es famosa por sus pórticos, con una longitud total de 62 km., 42 de ellos en el centro histórico. Estos pórticos, junto con las torres, son el símbolo de la ciudad y ha sido el punto de encuentro y social de Bolonia durante siglos. El más largo y famoso es el pórtico de San Luca de 3.796 metros de longitud y nada menos que 666 arcos, mientras que el pórtico de Servi, que se extiende hacia la Puerta Maggiore, ostenta el récord de anchura. Construidos a partir del siglo XII y realizados en ladrillo, piedra o madera, los pórticos son una verdadera obra maestra de la arquitectura. 

Su origen está vinculado al periodo de expansión de la Bolonia medieval, cuando la inauguración de la universidad en 1088 trajo a la ciudad a estudiantes y eruditos de toda Italia y del mundo. Ante el fuerte aumento de la población, era necesario ampliar el espacio vital y las actividades comerciales y artesanales en el tejido urbano, pero sin ocupar suelo público ni restar espacio útil para la vida de la ciudad. Los porches eran la solución ideal: permitían ampliar la parte superior de los edificios y, al mismo tiempo, ofrecían protección contra la intemperie y el sol. Es de señalar que la ciudad está situada 54 metros sobre el nivel del mar y el clima en invierno es muy frio, con abundancia de nieve, mientras que en verano es muy caluroso. 

Los pórticos, que habían surgido de forma casi espontánea, fueron regulados a partir de 1288 por un bando municipal, que imponía la adición de pórticos a las casas ya construidas y estipulaba que los nuevos edificios deberían estar dotados de un pórtico. En 2021, la Unesco incluyó 12 de los tramos más significativos de Bolonia como Patrimonio de la Humanidad, reconocidos también por la ONU como un elemento identificativo de la ciudad. 

E igualmente es seña de la ciudad sus murallas, que fueron construidas en el siglo V para proteger la ciudad. Se añadieron más en el siglo XI, y, en el siglo XIII, un último anillo llamado “la Circla”, que se construyó alrededor de los que hoy es el Centro Histórico de Bolonia. Gran parte de las murallas fueron destruidas en el siglo XX debido a la guerra y a la expansión de la ciudad, pero las puertas de la ciudad de La Circla están en pie todavía. Originariamente había doce puertas, pero solo diez permanecen hoy, y la mayoría de las puertas fueron reconstruidas en el 1600 o alteradas en gran parte. Las diez puertas existentes son Castiglione, de Santo Stefano, Mayor, San Vitale, San Donato, Mascarella, Galliera, Lame, San Felice y Zaragoza. 

Nos fuimos caminando desde nuestro hotel al centro de la ciudad, a través de la Avenida de la Independencia – Italia nació como país en 1861 a través de las guerras llamadas de independencia, movimientos liderados por el militar revolucionario Giuseppe Garibaldi – que es la principal calle de Bolonia y que llega desde la citada estación de trenes hasta la Piazza Maggiore. Es una calle maravillosa, llena de cafeterías, restaurantes, tiendas de moda y edificios públicos. Y sobre todo con unas edificaciones, algunos verdaderos palacios, de estilo neoclásico, fachadas espectaculares, sus arcos ojivales y sus estatuas como columnas. 

Una parte de ella se encontraba en obras, ya que se están realizando las obras del “tranvía”, obras que según nos comentaba Adriana llevan ya diez años. También nos comentó, que una gran parte de dicha Avenida está abierta al tráfico y que los autobuses de Bolonia tienen diferentes colores según su recorrido y así los de color rojo circulan por el casco antiguo, los amarillos por el resto de la ciudad y alrededores, incluyendo el aeropuerto y los azules se toman para llegar a los pueblos. 

Pasamos, antes de llegar a la impresionante Piazza Maggiore, por delante de la Catedral Metropolitana de San Pedro, que se encuentra en la citada avenida, cuya fachada es de estilo barroco ya que tiene estructuras “a salienti” con albañilería de pequeños ladrillos rojos y decoraciones de mármol. 

Y finalmente, ya en zona exclusivamente peatonal, llegamos a la Piazza Maggiore, en español Plaza Mayor, que es la plaza principal de Bolonia y se la conoce popularmente como “el salón de la ciudad”, ya que es el punto de reunión típico para quedar con los amigos. Tiene 115 metros de longitud y 60 metros de anchura, y está rodeada por los edificios más importantes de la ciudad medieval. El más antiguo es el Palazzo del Podestá, que cierra la plaza por el norte y está coronada por la Torre dell Arengo, que haciendo sonar su campana llamaba a reunión al pueblo. A este se le añadió al poco tiempo el Palazzo Re Enzo, sobre el cual se abre la bóveda de una travesía peatonal. Al oeste de la plaza está el Palazzo Comunale o de Accursio, que es actualmente la sede de la Comuna de Bolonia, las Collezioni Comunali d’Arte y el Museo Morandi, que también rodea la adyacente Piazza del Nettuno, en el centro de la cual está la fuente homónima (también llamada del Gigante), realizada en 1565. La Fontana del Nettuno (en español, la Fuente de Neptuno) es una fuente monumental, donde se encuentra la figura de Neptuno.

La estatua fue promovida por el Cardenal Legado de Bolonia Carlos Borromeo, el cual deseaba reordenar el área de la Plaza Mayor, con la ayuda del obispo Pier Donato Cesi. La estatua había tenido el objetivo de simbolizar el auspicioso gobierno del papa recientemente electo, y tío materno de Borromeo, Pío IV. La obra fue proyectada por el arquitecto y pintor Tommaso Laureti en 1563 y fue coronada por la imponente estatua en bronce del dios Neptuno del escultor Jean de Boulogne da Douai, llamado Juan de Bolonia. El suministro de agua de la fuente tomó lugar con la construcción de la obra de captación de los bagni di Mario y potenciada reestructurando la antigua fonde Remonda y convergiendo sus aguas hacia la plaza. Se dice que Juan de Bolonia quería realizar el Neptuno con genitales más grandes pero la Iglesia se lo prohibió. El escultor de todos modos no se rindió y de hecho diseño la estatua de manera que desde un ángulo particular el pulgar tensado de la mano izquierda parezca emerger del bajo vientre, en un modo parecido a un pene erecto.

Al sur, frente al Palazzo del Podestá, se eleva la fachada incompleta de la Basílica de San Petronio, un ejemplo del gótico italiano, iniciada a finales del siglo XIV y nunca terminada. Pudimos visitar y disfrutar dicha basílica, con sus imponentes dimensiones (132 metros de largo por 60 de ancho y una altura de la cúpula de 45 metros) hacen de ella la quinta iglesia más grande del mundo. Dedicada a San Petronio, (siglo V) la basílica gozó desde un principio de gran prestigio, hasta el punto de ser escogida por Carlos V para su coronación como emperador por parte de Clemente VII en 1530. La basílica fue transferida a la diócesis solo en 1929 y no fue consagrada hasta 1954; solo desde el año 2000 alberga las reliquias del santo patrón, hasta entonces conservadas en la basílica de Santo Stefano. 

En el interior pudimos admirar la Meridiana de Cassini, construida en 1655 en proyecto del astrónomo Giovani Domenico Cassini: sus 66,8 metros de largo hacen de ella la línea meridiana más larga del mundo, así como el Reloj Solar, que solo tiene un retraso de cinco segundos por día. 

Y destacan sobremanera las capillas privadas, entre ellas la cuarta capilla en el lado izquierdo, la capilla Bolognini, decorada a inicios de 1400. En el altar se encuentra un riquísimo políptico gótico de madera dorada y policromada, con veintisiete figuras talladlas y otras pintadas. Las paredes están pintadas al fresco, en su totalidad por Giovanni de Módena; El fresco del Quottrocento de este pintor, colocado en dicha capilla, que representa entre otras cosas al profeta Mahoma entre los condenados al infierno, ha sido recientemente objeto de gran atención para la opinión pública ya que en setiembre del 2002, según unas pesquisas casuales por parte de las fuerzas del orden, habría podido ser objetivo de un atentado por parte de una supuesta célula terrorista en sintonía con Al Qaida. 

Cabe igualmente resaltar el coro de madera, los dos órganos monumentales y el ciborio del altar mayor y el juego de colores de los revoques y las vidrieras policromadas. 

Recordar la persona del papa Gregorio XIII, natural de Bolonia, que residió durante un tiempo en ya citado Palacio Comunale o de Acurssio, y al que se le debe el vigente calendario gregoriano, instaurado el 4 de octubre de 1582 y que vino a solucionar el problema que planteaba el calendario juliano, que Julio César instauró en el año 46 a.C., vigente hasta ese momento, ya que el año juliano tenía 11 minutos y 14 segundos más que el año solar, lo que había provocado que la diferencia acumulada hiciera que el equinoccio de primavera se adelantara en diez días. Así Gregorio XIII, asesorado por el jesuita Christopher Clavius, promulgó el 24 de febrero de 1582 la bula Inter Gravissimas en la que establecía que tras el jueves 4 de octubre de 1582 seguiría el viernes 15 de octubre de 1582. Con la eliminación de estos diez días desaparecía el desfase con el año solar, y para que no volviera a producirse, se eliminaron en el nuevo calendario tres años bisiestos cada cuatro siglos. De esta manera, el calendario gregoriano es su legado más valioso y reconocido para la humanidad y que es modelo de calendario utilizado de manera oficial, en casi todo el mundo. 

Es de señalar que la Iglesia recoge los restos de Elisa Bonaparte, hermana de Napoleón. 

Nuestra siguiente visita, tras pasar por la Piazza Galvani, plaza que lleva el nombre del físico italiano Luigi Galvani nacido en 1737, cuya estatua adorna el centro de la plaza, fue el Archiginnasio de Bolonia, que domina dicha plaza y que es uno de los palacios más importantes de la ciudad. Fue la sede de la Universidad de Bolonia entre 1563 a 1803, albergando actualmente la Biblioteca Comunal de Archiginnasio. 

El Archiginnasio es uno de los palacios más importantes de Bolonia. Forma parte del sitio patrimonio de la Humanidad de los Pórticos de Bolonia. El palacio está estructurado en dos niveles con un patio anterior y patio interno que engloba la ex Iglesia de Santa María de Bulgari. El nivel superior contenía la sala de estudios de los legasti (estudiantes de derecho) y los artisti (estudiantes de otras materias): sus respectivas aulas magnas son la Sala dello Stabat Mater y la Sala de Lectura de la actual Biblioteca Comunal. Como testimonio de la larga historia universitaria del palacio ha quedado un enorme complejo heráldico en los muros, compuesto por siete mil escudos de armas de estudiantes y profesores, e inscripciones en honor de éstos. Se desconoce el autor o autores de dichos escudos, que representaban la figura de algo relacionado con el lugar de origen del estudiante y su familia y el nombre de dicho lugar. La visión de dichos escudos que cubrían paredes y techos, incluidos los de las escaleras de acceso, resultó sencillamente espectacular. 

Nuestra siguiente parada era el Teatro Anatómico, visita que tuvimos que posponer para la tarde y que logramos ver gracias a la intervención de Ángel y de nuestra guía Adriana ya que nuestra hora de visita por la mañana había pasado. 

Nos fuimos andando por la ciudad, disfrutando de su belleza, pasamos por delante de la librería Annani, sencillamente preciosa, por el bar Buca San Petronio, para llegar al Mercado di Mezzo, uno de los lugares más representativos desde la Edad Media. Desde 2014, tras un importante proyecto de renovación y reurbanización, alberga tiendas y puestos de comida en la planta baja, una pizzería en el primer piso y una cervecería y vinatería en el sótano. Se trata de un cruce entre los sabores de la memoria y tradición gastronómica de la ciudad. 

Seguimos nuestro paseo llegando a la Piazza Santo Stefano, uno de los lugares más simbólicos de Bolonia, considerado comúnmente una plaza, aunque se trata en realidad de un espacio abierto que se origina de Vía San Stefano. 

La Basílica de Santo Stefano (San Esteban) abarca un complejo de edificios religiosos y ubicado en dicha piazza es conocido también como Sette Chiese y Santa Gerusalemme. Tiene la dignidad de basílica menor y en sus orígenes existía, según la hipótesis más aceptada, en el lugar un templo destinado al culto de Isis que debió ser fundado en torno al siglo I d.C. En el siglo V, San Petronio fundó sobre las ruinas del antiguo templo, una iglesia consagrada a San Esteban. A lo largo de los siglos la iglesia se fue ampliando y transformando, dando lugar al complejo que existe hoy, compuesto por la Iglesia del Crucifijo y su cripta, la Basílica del Santo Sepulcro, la Basílica de los santos Vital y Agrícola, el Patio de Pilato, la Iglesia del Martirio y el claustro. 

La Basílica del Santo Sepulcro, según dice la tradición, es la que fundó san Petronio en primer lugar, a imagen y semejanza del Santo Sepulcro de Jerusalén. En el interior, la construcción de mármol reproduce el sepulcro de Cristo, y conserva una urna con los restos de San Petronio. La Basílica de San Vital y San Agrícola es la más antigua de todo el complejo y se levanta sobre el lugar en el que se encontraba el pequeño oratorio fundado por san Ambrosio en el siglo IV, y conserva los restos de ambos mártires. 

El Patio de Pilato se encuentra detrás de la iglesia del Santo Sepulcro. Su denominación recuerda el lugar en el que, según cuenta el evangelio, Jesús fue condenado y tuvo lugar el famoso lavado de manos de Pilatos. 

La Iglesia del Martirio parece, existe gran incertidumbre sobre sus orígenes, que fue un oratorio que se estableció sobre un antiguo cementerio de mártires, que se remonta a los siglos IV o V. Posteriormente fue reconstruida siguiendo el modelo de basílicas paleocristianas. Durante la Edad Media fue abandonada y finalmente adaptada al estilo franco, con tres ábsides. 

El Claustro conforma el testimonio de la presencia de monjes benedictinos en el complejo. Está construido en dos niveles, quedando el inferior reservado a los laicos que acudían allí a rezar. 

Continuamos nuestra visita por la Piazza della Mercanzía, caracterizada por una forma triangular asimétrica, cuyo principal edificio es el Palazzo della Mercanzía que, como su nombre indica, fue anteriormente el edificio perteneciente al Gremio de Comerciantes. Quizás por coincidencia hoy son las oficinas de la Cámara de Comercio, Industria, Agricultura y Artesanía. Es un elegante edificio de estilo gótico de ladrillos y destaca especialmente su precioso balcón. 

Y así llegamos a las famosas dos torres de Bolonia y desde la Edad Media altas torres de piedra definen el cielo de dicha ciudad. Pero las dos principales por sus impresionantes estructuras son la Torre de Asinelli, de 97 metros, y su hermana pequeña, Garisenda, de solo 47 metros. Se ha debatido mucho sobre el número de torres que atestaban Bolonia en la Edad Media, llegando a hablarse de 210 torres, una cifra verdaderamente descomunal, considerando el tamaño de la Bolonia medieval. Las estimaciones más conservadoras creen que las torres edificadas serían unas 80-200, y no todas fueron edificadas. Pero las dos más famosas y que siguen hoy en pie son las ya citadas y sus nombres provienen de las familias a las que tradicionalmente se les atribuyó la construcción de las mismas. 

Y después de tan fructífera mañana de paseo, tocaba comer. Y nos fuimos al restaurante Cesari, típico con paneles de madera y con comida tradicional italiana, que acompañamos con cervezas italianas y un vino Iove Sangiovesse. 

Y después de la comida teníamos pendiente la visita que por la mañana no pudimos hacer y era al ya citado anteriormente, el Teatro Anatómico que se encuentra en el nivel superior del Palacio de Archiginnasio, construido usando el proyecto de Antonio Levanti en 1637. Este era una sala dedicada al estudio de la anatomía en forma de anfiteatro, construida en madero de abeto, el cielo recubierto de casetones y decoradas con estatuas. La sala colapsó a causa de los bombardeos de 1944 pero fue sucesivamente restaurada. El teatro era presidido por una cátedra, donde se sentaba el profesor, cubierto por un baldaquín sujetado por dos esculturas de hombres desnudos y sin piel. Las dos estatuas principales, a la derecha de la entrada, representan a Hipócrates y Galeno, los médicos más importantes de Grecia y Roma, respectivamente. Otra estatua en la pared opuesta a la cátedra, representa un médico que tiene en la mano una nariz: se trata del boloñés Tagliacozzi, precursor de la rinoplastia. 

Y, finalmente, y dentro del mismo edificio, se encuentra la Biblioteca Comunal de Archiginnasio, realmente impresionante, la más grande de la Emilia Romagna, que conserva importantes textos de disciplinas históricas, filosóficas, políticas, literarias, artísticas y biográficas. Entre otros la biblioteca conserva alrededor de 35.000 manuscritos e incunables.

A la salida nos fuimos a visitar la Universidad, la más antigua de Europa y en la que se encuentra el Colegio Español, que no pudimos visitar, fundado por el Cardenal Albornoz en 1364. Es un colegio universitario de estudiantes españoles distinguidos que acuden a la ciudad de Bolonia, en calidad de becarios colegiales para ampliar su formación universitaria y entramos a visitar, con las explicaciones de un guía, la Pinacoteca Nazional, que es uno de los museos italianos “de provincias” (fuera de Roma) más importantes, especialmente relevante por su colección de pintura de los Carraci, Annibale y Agostino y sus seguidores. Bolonia fue cuna, hacia el 1600, de una importante renovación pictórica en paralelo al éxito de Caravaggio en Roma. La Pinacoteca muestra sus colecciones en 30 salas, en un mismo edificio que alberga la Academia de Bellas Artes. Destacar, entre otros muchos artistas, los cuadros de Giotto, con un políptico de cinco tablas y predela, ejemplo único de dicho genio en esta región.

Tras recorrer algunas de las citadas 30 salas y con la visión – y explicación de nuestro guía – de muchas de las obras pictóricas, nos permitieron conocer las obras de algunos de los artistas italianos del Renacimiento, el Manierismo y el Barroco, como Rafael, Perugino, Tintoretto, Guercino y los ya citados los Carraci y Giotto. 

A la salida y camino ya de vuelta a nuestro hotel, pudimos visitar el Oratorio de Santa Cecilia, una capilla muy bonita de estilo románico en la Vía Zamboni. Antiguamente era un templo más grande, pero sufrió una reducción de tamaño como consecuencia de la construcción de la Capilla Bentivoglio en la mencionada iglesia. Y a continuación, y en la misma vía, la Iglesia de Santa Cecilia, llamada la pequeña capilla sixtina de Bolonia, ya que los frescos que se encuentran en la iglesia, construida entre los siglos XIII y XIV, son de tal belleza que la hace recibir el citado nombre de la capilla sixtina.

Y siguiendo nuestro paseo, con las visitas del día ya realizadas, aprovechamos para degustar unos riquísimos helados italianos y antes de dirigirnos, ya a nuestro hotel, comprar la famosa mortadela, con y sin pistachos y salami. Productos del que también nos aprovisionamos en Parma, el último día 12. 

Y tras la cena, nos fuimos a dormir, que bien nos lo teníamos merecido, ya que el día, al igual que iban a ser todos los que nos quedaban, había sido intenso. 

Y comenzamos el día 9, trasladándonos a la ciudad de Rávena, capital del país en tres ocasiones: en las últimas fases del Imperio Romano Occidental (402-403), durante el reinado de los godos de Teodorico (493-526) y finalmente bajo el dominio bizantino (553-751). 

La ciudad nos recibió (no podía ser menos) engalanada y llena de flores y banderas, pero, evidentemente, no era por nosotros sino porque al día siguiente esperaban la visita (ni idea del motivo, y creo que los vecinos de la ciudad tampoco) de los reyes del Reino Unido, Carlos III y Camila. Había que ver los escaparates de las tiendas con las maniquíes con vestidos de los colores de la bandera de ese país, por cierto, banderas a mogollón. 

Rávena (en italiano: Ravenna) es una ciudad de la región de la Emilia-Romaña, capital de la provincia homónima, situada en la llanura nororiental de la Romaña a pocos kilómetros del mar Adriático y con unos 156.000 habitantes, aproximadamente. Y es famosa, como pudimos comprobar y disfrutar, por sus monumentos bizantinos y paleocristianos, que revelan su origen antiguo y su papel histórico en el desarrollo italiano. 

Comenzamos la mañana visitando el Mausoleo de Teodorico, monumento situado a las afueras de la ciudad y construido por el rey Teodorico el Grande hacia el año 520 d.C., con la intención de que fuera su futura tumba, en mármol de Istria y es, sin duda, la más célebre construcción funeraria de los ostrogodos. El edificio es una extraordinaria amalgama de estilos e influencias, que van desde la tradición romana hasta la goda. El monumento incluye una estructura externa decagonal con dos niveles, coronados por una gran cúpula monolítica. Actualmente, el mausoleo está rodeado de un gran parque que destaca aún más su magnificencia. Este lugar, donde se colocó el cadáver de Teodorico, marcó la personalidad de este rey, como hombre culto y portador de paz y constituye un testimonio verdaderamente único de historia y espiritualidad. Si bien, tal como nos comentó nuestra guía Adriana, tiene un grave problema ya que cada año toda la estructura se “hunde” un milímetro. Está declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. 

Nuestra siguiente visita, sin duda la más espectacular, fue a la Basílica di San Vitale y el Mausoleo di Galla Placidia. Comenzamos con esta última y este mausoleo es un célebre enterramiento monumental de la hermana del emperador Honorio, Galla Placidia. Construido entre 425 y 450, es una de las ocho estructuras de Rávena inscritas en la lista del Patrimonio de la Humanidad en 1996. Más que por su arquitectura, este monumento, tal como pudimos disfrutar, es mundialmente famoso por sus suntuosos mosaicos, los más antiguos de la villa. Ellos marcan la transición entre el arte paleocristiano y el bizantino. El mausoleo tiene planta con forma de cruz griega y es un edificio de carácter funerario, aunque también posee carácter martirial, porque más tarde se dedicó a San Lorenzo. 

Pero si nos habíamos quedados maravillados por la belleza y perfección de los mosaicos del mausoleo, aún más, y eso que era difícil, lo hicimos cuando entramos en la Basilica de San Vitale, y contemplar el espectáculo de los mosaicos que llenaba toda la basílica. San Vitale era un soldado romano que se convirtió en mártir y santo católico, que sufrió martirio durante las persecuciones de la iglesia primitiva. 

La Basílica está considerada como uno de los templos más importantes del arte bizantino, y como otros de la misma ciudad se reformó por expreso deseo del emperador Justiniano. Este templo se comienza a construir en el año 527, cuando Rávena aún pertenecía a los ostrogodos, más tarde tras la conquista bizantina, se decidió que sería el templo oficial para el gobernador de la región occidental del imperio, el llamado Exarcado de Rávena. 

La decoración de esta iglesia se basa principalmente en mosaicos que muestran escenas, tanto del Viejo como del Nuevo Testamento, en los que el mensaje principal es el de Dios salvando a los hombres por medio de la eucaristía. En la concha del ábside aparece una gran composición, en cuyo centro se encuentra Jesús, representado joven e imberbe, sentado sobre una gran esfera azul y flanqueando su figura se encuentra dos arcángeles, que presentan a San Vitale y al arzobispo Eclesio. Los mosaicos imperiales aparecen situados en la parte baja de los muros laterales del ábside. A la izquierda Justiniano y a la derecha Teodora. Justiniano aparece rodeado de una serie de personajes que fueron importantes para la construcción de la iglesia.

En el panel de enfrente y simétrico al anterior, la emperatriz coronada por un tocado de gran belleza y ricamente adornado, aparece anticipada por dos dignatarios sosteniendo un cáliz, y en la parte inferior los tres reyes magos llevando regalos al niño. Por último, los marcos de los paneles están ricamente adornados con figuras que recuerdan el arte oriental, de este modo da la sensación de parecer tapetes colgando de las paredes del templo. La belleza de los mosaicos, sus colores y su perfección resultan sencillamente impresionantes. 

Todavía impresionados por la visión de los mosaicos, nos dirigimos paseando hasta el Museo Nazionale que ocupa el antiguo monasterio benedictino de San Vitale. Fundado en 1887, el museo se originó a partir de una colección reunidas por monjes camaldulenses durante el siglo XVII antes de trasladarse a su ubicación actual. Exhibe epitafios romanos, esculturas bizantinas, bronces renacentistas y una extensa colección de marfiles que representan la evolución artística de la región.  

Alberga fragmentos de la Porta Aurea, una puerta romana del año 44 d.C que sirvió como entrada sur a Rávena hasta su demolición en 1582. 

Tras una pausa para rellenar nuestros hambrientos estómagos, comimos en un restaurante llamado Ca´de Ven, en un edificio del siglo XV cerca de la tumba de Dante y con un curioso salva mantel que representaba el juego de la Oca, pero cuyas casillas representaban monumentos, botellas de vino, racimos de uva, etc.; y sobre nuestras cabezas, en el piso superior, barricas con distintos tipos de vinos italianos y en nuestras mesa siempre unas cervezas, esta vez Superisor Pils Italiana y degustación de la exquisita cocina italiana. 

Siguiendo nuestro paseo, una vez terminada la comida, llegamos al Palacio Arzobispal, donde se encuentra el Museo Arzobispal y en él, la Capella Arcivescovile Di Sant’andrea, una capilla en la primera planta, un oratorio privado construido a inicios del siglo VI, siendo el único oratorio cristiano primitivo que ha sobrevivido hasta hoy. Es pequeña, pero con mosaicos bellísimos. También se encuentra la Cattedra Di Massimiano, un trono realizado en marfil esculpido a principios del siglo VI para el arzobispo Massimiano de Rávena. Y el Batisterio Neoniano o de los ortodoxos y en cuyo centro se encuentra la gran pila bautismal, en la que se sumergían los fieles al recibir el bautismo. Y todo rodeado y decorado con preciosos mosaicos. 

Continuamos nuestro paseo por esta preciosa ciudad y llegamos a la Piazza San Francesco, donde se encuentra la Basílica de dicho santo, que no tuvimos tiempo de visitar. Los franciscanos llegaron a esta ciudad en el siglo XIII, en el mismo periodo en que Dante nació en Florencia. El poeta en el exilio se preocupó mucho por la comunidad de los frailes, hasta el punto de que uno de los claustros del convento es hoy popularmente conocido con el Claustro de Dante y que la Tumba de Dante está prácticamente pegada en el exterior, tumba que visitamos. Esta tumba es un monumento nacional de estilo neoclásico, construido en 1781 sobre la tumba del poeta (1265-1321) y está rodeado por el área denominada zona dantesca. Junto al monumento, en el lecho de muerte, Dante Alighieri expresó su deseo de ser vestido con el hábito franciscano y sobre el frontal del monumento está escrito Dante Poetae Sepvcrum. 

Y siguiendo con nuestro paseo llegamos a la Piazza Garibaldi, en cuyo centro se encuentra su estatua, obra de Giulio Franchi y realizada en piedra en 1892 y continuamos por la Piazza del Popolo, que se encuentra al lado de la anterior plaza, que dominan las estatuas de San Vitale y San Apollinaro. Flanqueada por unos preciosos soportales, el Palazzo Comunale y el Palazzetto Veneciano son un claro ejemplo de la arquitectura del 1400. 

Y terminamos la tarde visitando la Basílica di Sant’Apollinare Nuovo, paradigma del arte protobizantino en Occidente. La construcción de esta basílica, de culto arriano y dedicado a Cristo Redentor, se acomete a finales del siglo V y principios del VI por orden del monarca Teodorico y destacan toda ella y especialmente sus mosaicos y consta de una planta basilical de tres naves separadas por arquerías sobre columnas, precedida de un pórtico y dotada de un iconostasio ante el presbiterio. 

Y así cansados pero dichosos por haber visto tanta belleza en los edificios, en la decoración con esos mosaicos realmente impresionantes, llegamos al hotel y tras la cena, regada por unas cervezas Peroni y vino tinto italiano, nos fuimos a dormir para despertarnos fresquitos y con ganas de disfrutar de nuestro siguiente día, 10 jueves, que nos iba a llevar a la ciudad de Parma, ciudad en la que dormiríamos las tres últimas noches. 

Y así el día 10 de abril, nos dirigimos en nuestro autobús, a visitar una fábrica del famoso queso parmesano, concretamente la 4 Madonne Caseificio dell Emilia. El parmesano o parmesano reggiano (en italiano parmigiano reggiano) es un famoso queso italiano de consistencia dura, granulosa y grasa. Su producción se encuentra regulada por una DOP (denominación de origen en italiano). Fue creado en llanura Padana en la Edad Media, probablemente por monjes en el siglo XII o XIII. Rápidamente se hizo popular tanto en Italia como en otros países, y es uno de los primeros ejemplos italianos de un alimento con un nombre vinculado a una ciudad que alcanza un estatus icónico como especialidad. 

El parmesano debe llevar en la parte externa las marcas que permitan identificar y distinguir el producto. Estas marcas que deben llevar el queso desde su origen son: el sello impreso a lo largo de toda la parte externa con la leyenda parmigiano-reggiano, el número del registro del fabricante, el mes y el año de producción y las leyendas DOP y Consorzio Tutela, la placa de caseina y un código alfanumérico que identifica de forma unívoca cada pieza de queso y en ambas caras del queso producido con leche de la raza Reggiana Roja debe figurar grabado mediante calor, el escrito “Vacca Rossa Reggiana”. 

Actualmente, la vaca Reggiana Roja produce una leche considerada de calidad superior y su producción de leche es de un poco más de la mitad con respecto a la Frisona. 

Cada unidad de queso entero Parmigiano debe tener un peso comprendido entre los 30 kg y algo más de 40 kg, aunque normalmente están sobre los 40 kg. Para hacer una unidad hace falta aproximadamente 550 litros de leche. El tiempo de maduración no debe ser inferior a 12 meses, pudiendo llegar hasta los 36, a más meses mayor precio, y también se pueden encontrar formas de 80 o 120 meses en quesos especiales, siendo en este caso un producto extremadamente selecto. 

Asistimos al proceso de producción con una detallada información y al almacén o nave donde guardan parte de la producción, que causa impresión al ver todas esas estanterías llenas hasta el techo llenas de cientos de enormes quesos. Y a salida pudimos comprar estos deliciosos quesos, lo que puso un bonito colofón a la visita. 

Y continuamos nuestro camino en el autobús para llegar a la ciudad de Parma. Es la capital de la provincia de Parma, antigua capital del histórico Ducado de Parma y cuenta con una notoria arquitectura medieval y bellos bosques que rodean a la ciudad. Y también por su industria agroalimentaria, como tuvimos ocasión de comprobar, ya por la mañana, con su queso y, al día siguiente, con su jamón. 

Almorzamos, al igual que en los dos siguientes días, en el ristorante La Greppia, el local no era muy grande, pero nos atendieron magníficamente y la comida buenísima, típicamente casera italiana. Recuerdo un pastel de boniato con queso y unos medallones de carne con mostaza, entre otros platos. Y siempre acompañado con la cerveza Moretti. 

Y después de la comida, comenzamos la visita al Palacio de la Pelota, un monumental complejo, originariamente concebido como contenedor de los servicios de la corte farnesiana, destinado a integrar el sistema de residencias ducales. Probablemente comenzó alrededor de 1583, durante los últimos años del ducado de Ottavio Farnese (1547-1586). 

Los largos pasillos dispuestos ortogonalmente delimitan una verdadera ciudadela con un sistema de patios internos revestidos de ladrillos rústicos, destinados a albergar almacenes, cuadras, cuarteles, así como una grandiosa sala de armas que luego se transformó en un teatro de corte. 

El complejo toma su nombre del juego noble de la “pelota” que se practicaba en los patios en ocasiones especiales. La Pilotta albergó, durante el ducado de Don Filippo di Borbone (1748-1765), la Academia de Bellas Artes con su colección artística, de la cual surgieron la Galería Nacional, la Biblioteca Palatina, el Museo Arqueológico y el Museo Bododiano. 

Separados después de la unificación de Italia, estos institutos culturales han recuperado su unidad desde 2016, dando vida a un complejo monumental único en el centro histórico de Parma. 

Visitamos, en primer lugar, la Biblioteca Palatina, biblioteca pública, denominada así por el templo de Apolo Palatino en Roma. Se accede a ella subiendo la Escalera Imperial, una majestuosa escalera doble que conduce también a la Galería Nacional, al Teatro Farnese y al Museo Arqueológico Nacional. 

Fue fundada en 1761 por los duques Filippo y Ferdinando di Borbone y fue inaugurada oficialmente en mayo de 1769, en presencia del emperador austríaco José II. Bajo el gobierno de María Luisa la biblioteca creció e hizo construir en 1834 una nueva ala en la parte sur del edificio, la Sala María Luigia, ahora utilizada como sala de lectura. Desde la unificación de Italia ha sido una biblioteca pública estatal. En 1889 se estableció una sección musical. 

Del patrimonio original de 40.000 volúmenes, hoy conserva 708.000 volúmenes, folletos, hojas sueltas, periódicos descatalogados, 250 periódicos en curso, 6.620 manuscritos, 75.000 correspondencia, 3.042 incunables, 52.470 estampas y dibujos y una vasta colección de manuscritos hebreos, quizás el más grande del mundo guardado en una biblioteca pública. 

Su interior, todo de madera, resulta de una belleza impresionante, sus estanterías, repletas de libros antiguos, y su interior con una exposición de mesas que contienen toda serie de libros y documentos antiguos. Sencillamente majestuosa. 

Como majestuosa fue nuestra siguiente visita: el Teatro Farnese. Construido en 1618, este teatro es el primero moderno de Occidente. Construido en muy poco tiempo con materiales ligeros como la madera pintada, abeto rojo, y el estuco, fue creado por voluntad de Ranuccio I, para celebrar con gran magnificencia la estancia de Cosme II de Medici en Parma. Fruto de una investigación arquitectónica típica de las cortes italianas sobre la recuperación del teatro clásico, fue diseñado por Giovani Batista Aleotti, quién lo convirtió en el primer espacio estable para representaciones, equipado con un sistema de ingeniería para escenarios móviles. Inaugurado en 1628, se utilizaba para fiestas y espectáculos ducales, con motivos de bodas o importantes visitas de Estado. Destacar su enorme escenario en descenso, con un sistema hidráulico, que permitía llenarlo de agua y recrear en ello escenas de batalla de barcos. Destruido casi por completo por las bombas de 1944 y reconstruido en tiempos modernos, el teatro es hoy el testimonio más espectacular y sorprendente de la suntuosa vida de los duques de Farnese. 

Nuestra siguiente parada fue la Galería Nacional, una pinacoteca que expone obras de Beato Angélico, Leonardo da Vinci, Tintoretto, Corregio, Parmigianino, entro otros. Fue construida en 1583 durante los últimos años del ducado de Octavio Farnesio. El edificio fue ampliado por voluntad del duque Ranuccio II y sus sucesores se ocuparon sobre todo del interior del palacio donde fueron reunidas las colecciones artísticas de la familia. En 1734, el rey de Nápoles Carlos de Borbón se llevó consigo la colección hasta el establecimiento en Parma de la corte de Felipe de Borbón. 

Continuamos, siempre dentro del Palacio de la Pelota, con la visita al Museo Arqueológico Nacional. Fue fundado en 1760 por Felipe de Borbón para albergar los hallazgos encontrados en la ciudad romana de Veleia, bajo el gobierno de María Luigia (1816-1847) y se enriqueció con colecciones de monedas, cerámica griega e italiota, prestigiosos hallazgos egipcios, así como materiales hallados en el teatro, anfiteatro y otros contextos de la Parma romana. En la primera sala, sección prehistórica, es posible admirar una estatuilla de terracota de 20 cm de altura que representa a la diosa madre, realizada a mediados del V milenio a.C. En la sección preprotohistórica, se ingresa en la sala de las “estatuas de Veleia”, que alberga 12 estatuas de la familia Julio-Claudia. Y en la siguiente sala aparece uno de los hallazgos más importantes, la inscripción en bronce de época romana más larga (1,38 x 2,86) que se conoce hasta la fecha: La Tabula Alimentaria Traianea, que contiene la descripción de las propiedades y los propietarios beneficiarios de las mismas, un préstamo concedido por las arcas imperiales, cuyos intereses se destinaban al sostenimiento de los muchachos más pobres. Continuamos por la sala destinada a las colecciones extraterritoriales para terminar con las salas dedicadas a la época romana y tardoantigua y la Sala de Cerámica y las Salas de la colección egipcia. 

Después de terminar nuestra visita al Palacio de la Pelota, visitamos la Basílica di Santa María della Steccata, una elegante construcción renacentista, cuyo término Steccata data del siglo XIV y deriva del nombre asignado a una casa existente en el mismo lugar donde la imagen milagrosa de San Juan el Bautista fue preservada, encerrada dentro de una cerca. La planta es una cruz griega con brazos terminados en ábsides semicirculares. En el interior de las cuatro esquinas, hay muchas capillas. 

Continuamos nuestro paseo por la ciudad, visitando la Iglesia Sant’Alessandro, situada en la Vía Garibaldi, cerca del Teatro real y que reemplazó al antiguo monasterio benedictino y que combina la arquitectura barroca y neoclásica, con frescos en el techo de Angelo Colonna y un órgano Sangalli de 1586. 

Y llegamos a la Piazza Garibaldi, situada en el centro histórico de Parma, uno de los espacios públicos más emblemático de la ciudad. Esta animada plaza es algo más que un punto de encuentro central; es el escenario donde convergen siglos de historia, cultura y vida cotidiana. 

Efectivamente, esta plaza ha sido durante mucho tiempo el centro de la vida cívica y social de la ciudad. Históricamente, la plaza sirvió como lugar de comercio, administración y reuniones comunitarias. Su importancia se remonta a la época romana, pero la plaza adquirió su actual trazado y prominencia urbana durante los periodos renacentista y barroco, cuando la ciudad se expandió bajo el dominio de la familia Farnesio y, más tarde, de los duques Borbones- 

La plaza lleva el nombre de Giuseppe Garibaldi y una estatua en su honor refleja el orgullo nacional y el peso histórico que encarna la plaza. 

Una de las características más llamativa es su armonía arquitectónica. La plaza está enmarcada por bellos edificios que representan diversas fases de evolución de la ciudad. El más dominante de ellos es el Palacio del Gobernador, Ayuntamiento de Parma, una estructura neoclásica, que ha simbolizado durante mucho tiempo el poder administrativo de Parma. Su fachada simétrica, sus elegantes galerías y la torre central del reloj son a la vez funcionales e icónicos, y confieren a la plaza una sensación de grandeza y continuidad. 

En los lados opuestos, cafés con asientos al aire libre se alinean en los bordes, donde los ritmos de la vida cotidiana se mezclan con la historia. Los tonos pastel de los edificios con sus ventanas enrejadas y balcones de hierro forjado, contribuyen al carácter acogedor de la plaza. 

Y terminamos la tarde con un tranquilo y precioso paseo por el centro de esta hermosa ciudad admirando sus calles y sus edificios. 

Y ya al hotel, Hotel Palace Marías Luigia – que sería nuestro hotel, durante las siguientes tres noches, hasta el final del viaje – y tras nuestra correspondiente cena, nos fuimos a dormir, que el día había sido, como todos, muy completo. 

Y por la mañana del día 11, continuamos nuestra visita a la ciudad. Y empezamos con la Catedral (Duomo). Es una basílica catedral de estilo románico, y el fresco del artista il Corregio es una de las obras maestras al fresco de la época renacentista. La construcción comenzó en 1509 por el obispo Cadalo, más tarde antipapa con el nombre de Honorio II. Y resultó muy dañada por el terremoto de 1117 y tuvo que ser restaurada. Del edificio original quedan restos en el presbiterio, el coro y los ábsides, el transepto y algunos fragmentos escultóricos. La amplia fachada fue acabada en 1178: tiene tres plantas y tres portales. El campanario gótico se añadió más tarde, en 1284-1294. El interior tiene planta de cruz latina, con una nave central y dos laterales dividida por pilastras. El presbiterio y el transepto están elevados, para dejar espacio a la cripta que está debajo. El principal rasgo del interior es el fresco de la Asunción de la Virgen que decora la cúpula, ejecutada por Correggio en 1526-1530. 

Visitamos a continuación el Baptisterio – edificio destinado al rito del bautismo cristiano – italiano del siglo XIII, que está situado junto a la catedral y se considera estilísticamente como un punto de unión de la arquitectura románica y la gótica. Su construcción comenzó en 1196, diseñado en casi su totalidad por Benedetto Antelami. De forma octogonal, se desarrolla verticalmente como una torre truncada, revestida con mármol rosa. Es uno de los más representativos de la transición del románico tardío al gótico temprano, lo que también es evidente en el conjunto escultórico de Benedetto Antelami, en particular el zoóforo y los portales tallados con representaciones relacionadas con la salvación a través del bautismo. 

Tuvimos la suerte de ver, a la salida del baptisterio, un desfile que recorría toda la ciudad y que terminó en la Catedral, precedido por unos sacerdotes, seguidos de una comitiva de las fuerzas civiles y militares de la ciudad, cada uno con su vestimenta o uniforme y acompañada de unos cánticos religiosos. 

Posteriormente, nos fuimos a ver la Iglesia de San Giovanni Evangelista, que forma parte de un complejo que incluye también un convento benedictino y una tienda de comestibles. Las obras de la abadía y la iglesia se iniciaron en el siglo X sobre un oratorio preexistente asociado a San Colombanus. En 1477 todo el complejo fue dañado por un incendio. La basílica de la abadía fue reconstruida alrededor de 1490 y se terminó en 1519. El diseño incluía desde el principio una decoración minuciosa de pintura del interior, y se había firmado un contrato con el joven Correggio, que ejecutó cinco grupos de frescos. La fachada de mármol de la iglesia fue diseñada por Simone Moschino en estilo protobarroco en 1604. El campanario del lado derecho, quizás diseñado por Magnani se terminó en 1613. Con una altura de 75 metros, es el más alto de Parma. El interior es de planta de cruz latina, con una nave y dos pasillos cubiertos con bóvedas de crucería y una cúpula en el crucero. En la nave hay un friso de Correggio y su taller. Es una larga franja con pinturas monocromas (con pocos detalles en rojo) sobre fondo azul oscuro, que incluye también algunos tondos con retratos de papas, cardenales y monjes benedictinos. 

Nuestra siguiente parada fue el Parco Ducale, un jardín público que se extiende sobre 208 metros cuadrados en el distrito de Oltretorrente y fue construido en 1591 a instancia del duque Ottavio Farnesio y es un pulmón verde que alberga varias especies de árboles, alrededor de 1500 ejemplares, lo más comunes, plátanos, tilos, castaños de indias, olmos y arces. 

Y terminamos la mañana, contemplando la Camera di San Paolo, de 697 por 645 centímetros; contiene frescos que representan a Diana, temas de caza y figuras mitológicas en pardes y techo. Y fue la abadesa Giovanna da Piacenza, la que, en 1518, encargó a Antonio da Carreggio la decoración de esta sala privada del próspero monasterio benedictino. El techo presenta dieciséis aberturas ovaladas donde niños pintados portan equipos de caza, mientras las paredes muestran deidades olímpicas monocromáticas. 

Llegamos a la Piazza Garibaldi, que ya la tarde anterior tuvimos ocasión de patear y disfrutar, y que repetimos la experiencia. Vimos la estatua de Antonio Allegri da Corregio que se encuentra delante del Ayuntamiento y también, junto al mismo, la estatua de la Fuente del Poder. 

Nos fuimos a visitar la Chiesa di San Vitale, iglesia barroca que presenta un diseño octogonal con elementos de terracota y decoraciones de mármol en sus paredes interiores y exteriores. El arquitecto Luca Reti construyó este edificio religioso en 1651, incorporando elementos del barroco italiano. Contiene numerosas obras de arte religiosas y elementos decorativos que representan las tradiciones católicas de la región de Emilia-Romaña. 

Una vez terminada la comida, nos dirigimos a visitar una fábrica de jamón de Parma o de “prosciutto”, que es el nombre del jamón italiano. Fuimos a la fábrica Cav. Il Arialberto SRl, Salumi, y pudimos visitar dicha fábrica en la que nos explicaron el proceso de elaboración y curación de los jamones, así como su corte y posterior envasado para su posterior venta. Pudimos degustar sus varias clases de jamón, acompañados de un vino bastante malote, Lambrusco Nero, Le Bontá del Cavaliere, y comprobar la estratosférica diferencia con nuestro jamón de pata negra. De hecho, pocos productos fueron adquiridos en la tienda. Pero hay que reconocer que los italianos saben vender sus productos alimenticios, léase la pasta, el prosciutto y el queso parmesano. 

Y ya al final de la tarde nuestro paseo por la ciudad y llegar “guacníos” (muy cansados: del habla cañailla) al hotel, para cenar y a dormir. 

Y ya en el día 12, y una vez desayunados, subimos al autobús que nos llevaría a la ciudad de Módena, ciudad situada en la llanura padana. Es famosa por su vinagre balsámico, como ahora veremos, su legado operístico y, como también tuvimos la suerte de constatar, los coches deportivos Ferrari y Lamborghini y el Museo Enzo Ferrari. 

Nuestra primera parada fue el Museo del Duomo, junto a la catedral de Módena, que contiene y exhibe un precioso aparato artístico-litúrgico que data desde la época románica hasta el siglo XIX, que incluye muebles, esculturas, relicarios antiguos, tapices, pinturas y códices. Entre las obras más antiguas, que forman parte del Tesoro de la Catedral, se encuentran el precioso retablo de San Geminiano (siglos XI-XII), el Evangelistario, realizado en el scriptorium de Nonantola (finales del siglo XI-principios del XII) y caracterizado por una refinada encuadernación en plata y en marfil, la Relatio, texto del siglo XII que relata la crónica de la construcción de la catedral y la Estauroteca con encuadernación en oro del siglo IX, probablemente procedente de Constantinopla. 

Ya en interior de la Catedral de Módena, pudimos admirar uno de los lugares de estilo románico más importantes de Europa y a su vez Patrimonio de la Humanidad. Sus obras comenzaron en 1099, bajo la dirección del arquitecto Lanfranco, sobre el lugar en el que se encontraba el sepulcro de San Geminiano, el santo patrón de Módena. Con anterioridad, desde el siglo V, se construyeron dos iglesias en el mismo sitio, pero ambas habían sido destruidas. Los restos del Santo aún se exhiben en la cripta de la catedral. La construcción de la torre del campanario finalizó en 1319. 

Después de las obras realizadas por Lanfranco, la Catedral fue adornada por Anselmo da Campione y sus herederos, los llamados “maestros campioneses”. Debido a esto, la fachada moderna exhibe distintos estilos. El majestuoso rosetón fue agregado por Anselmo en el siglo XIII, mientras que los dos leones que sostienen las columnas de la entrada pertenecen a la época de la antigua Roma. 

La catedral, en su interior, se encuentra dividida en tres naves. Entre la nave central y la cripta se encuentra un parapeto de mármol diseñado por Anselmo da Campione que representa la Pasión de Cristo e incluye la Última Cena. El púlpito fue diseñado por Arrigo da Campione y está decorado con estatuillas de terracota. También es de interés el Crucifijo de madera del siglo XIV. Así mismo en el Duomo se alojan escenas de la Natividad creadas por dos de los mayores artistas de Módena: Antonio Begarerlli (1527) y, en la cripta, la Madonna della Papa de Guido Mazzoni (1480). 

Visitamos la Torre Cívica (La Ghirlandina) que es la torre campanario de la Catedral de Módena, con una altura de 86,12 metros. Es el símbolo típico de la ciudad, visible desde cualquier dirección desde las afueras de la ciudad, que durante siglos, con el sonido de sus campanas, ha marcado los tiempos de la vida de la ciudad. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco junto con la catedral y la Piazza Grande en 1997. 

Esta “Plaza Grande” es una explanada construida en el siglo XII delante de la entrada de la catedral, en el centro histórico de la villa. A pesar de su nombre, la plaza no es realmente muy grande, pero recibió este nombre en la Edad Media, época en la que las plazas eran bastante más pequeñas. 

Continuamos nuestro paseo por Módena y pudimos disfrutar de la Piazza Giuseppe Mazzini, que, escondida en el corazón histórico de la ciudad, ofrece tanto a los lugareños como a nosotros, los visitantes, un lado más tranquilo e íntimo de la vida de Módena. A tiro de piedra de la Catedral y de la Plaza Grande, esta pequeña pero significativa plaza honra el legado de Giuseppe Mazzini, uno de los principales defensores de la unificación y los ideales democráticos de Italia. Una modesta estatua conmemora su influencia, rodeada de bancos y enmarcada por la suave arquitectura que confiere a la plaza su carácter único 

Seguimos con la visita al Palacio Ducal que fue la sede de la corte de la familia Este, gobernantes del Ducado de Módena y Reggio entre los siglos XVII y XIX y, desde la unificación de Italia, sede de la Academia Militar de Módena y del Observatorio Geofísico de dicha ciudad. 

El edificio, uno de los más importantes palacios principescos del siglo XVII, fue construido a partir de 1634 sobre el antiguo castillo estense, que en la Edad Media se encontraba a las afueras de la ciudad. Las obras dirigidas en principio por el arquitecto Vigarani, fueron posteriormente llevadas por Avanzani, aunque el proyecto sufrió posteriores modificaciones por parte, entre otros, de Bernini Borromini. Finalmente, en el siglo XIX, el palacio sería profundamente redecorado por Francisco IV de Módena. 

Hoy el extraordinario patio ha sido objeto de profunda restauración y ha cobrado nueva vida gracias a la luz. Un meticuloso diseño de iluminación equilibra la iluminación funcional del pasillo con la iluminación de acento de las bóvedas, resaltando el ritmo arquitectónico del cuadripórtico. 

Esta Academia Militar tiene la tarea de dar formación universitaria inicial de los futuros oficiales del ejército italiano y de los Carabinieri en un curso que dura dos años. Esta Academia procede del instituto de entrenamiento militar más antiguo del mundo, ya que deriva directamente de la Academia Militar de Saboya fundada el 1 de enero de 1678 por Decreto del 1 de septiembre de 1677 de la Duquesa María Giovanna Batista de Saboya, Regente, para la formación de su hijo menor de edad Vittorio Amedeo. 

Desde 1862 hay un mueso dedicado a la memoria de los ex alumnos de las academias militares que murieron en la guerra. 

Fundado en 1905, el museo ha vuelto a abrir recientemente sus puertas, después de un arreglo cuidadoso y escrupuloso. En las salas, reliquias y recuerdos de soldados desaparecieron durante los levantamientos del Risorgimento, en las guerras coloniales y en las dos guerras mundiales, junto con los documentos relacionados con la historia de la Academia desde 1863 hasta la actualidad. 

Algunos uniformes del museo también incluyen algunos uniformes históricos, una colección de bocetos y modelos militares y dos tricolores, uno donado en 1849 por Carlo Alberto a la Academia Militar de Turín, el otro, de fecha 1891, que pertenece a la Academia de infantería y caballería.

Y la exposición concluye solemnemente con la “Cámara Dorada”, donde se guardan los retratos de unos quinientos oficiales galardonados con la medalla de oro por su valor militar y con el “Templo della Gloria”, que sirve como un santuario a los caídos de la Primera Guerra Mundial. 

A continuación, nos fuimos a ver, en la hacienda Leonardi, la crianza de los famosos vinagres balsámicos tradicional de Módena, que se lleva en la citada hacienda desde 1871. El aceto (también aceto balsámico, vinagre de Módena o vinagre balsámico) es un tipo de vinagre de origen italiano, de esta región de Emilia-Romagna, sobre todo de la ciudad de Módena. Se trata de un vinagre obtenido a partir de una mezcla de vinos, en la que intervienen vinos tintos y blancos, que se han producido a través de uvas de las variedades: trebiano, uniblanc, malbec o barbera. Dentro de sus características se destaca un sabor fuerte y ligeramente dulce, y su color oscuro. Mientras que las versiones industriales se obtiene maduración por periodos de 4 a 5 años, las versiones más limitadas de este vinagre mencionan al menos doce años de maduración, en toneles de madera. Lo pudimos constatar con la visita las pequeñas bodegas donde se encuentran dichos toneles, de distintos tamaños, todos de mucho menor que los toneles o barricas de las tradicionales bodegas de vino, y dispuestos en “cuesta”, a fin de que el vinagre vaya pasando de uno a otro tonel; siendo además curioso que estos se encuentran abiertos por el orificio exterior, solo cubiertos por un pequeño trozo de tela y no con el tapón tradicional de los toneles de vino. Probamos tres tipos de aceto, según su antigüedad y el último de 30 años, el Extra Viejo, y pudimos comprobar como variaba su color, sabor y olor y como combinaban con distintos alimentos, tales con el queso parmesano, la fresa y otros. Finalmente, en la tienda pudimos comprar los distintos tipos de aceto, según su antigüedad, pudiendo constatar que el de mayor antigüedad, 30 años, no era, ni mucho menos, barato.

Por la tarde, y después de comer, fuimos a Maranello, para realizar la visita del Museo Enzo Ferrari. Y la verdad es que fue impresionante, con una exposición de dichos vehículos desde el principio de su construcción, deportivos, de Fórmula 1, hasta la fecha actual, en la que llaman la atención los impresionantes modelos que compiten actualmente en la Fórmula 1. 

El que suscribe se montó en uno de simulación y pude comprobar la dificultad de su conducción, desde cómo te metes en el coche, más bien te meten, sobre todo a nuestra edad, la postura de la conducción, totalmente tumbado, y la velocidad que cogen. Ni que decir tiene que en las tres vueltas que di con dicha simulación, en las dos primeras “destrocé” el coche un montón de veces. ¡Con lo fácil que se ve en la tele!. 

Y después de tan deportiva última visita de nuestro viaje por esta región italiana, nos fuimos al hotel a cenar y pasar nuestra última noche.

Y al día siguiente, día 13, cargados con nuestras maletas camino del aeropuerto, que vía Madrid, nos llevaría al aeropuerto de Sevilla para posteriormente y en bus llegar a nuestra tierra, pudimos ser conscientes, en esas largas horas del viaje de vuelta, de los días tan bonitos que habíamos disfrutado y de la cantidad de imágenes bellas que quedaban en nuestras retinas. Y pensando, y hablando, que teníamos que continuar viajando a este país, y descubrir las maravillosas regiones que lo compone. 

Sirva esta modesta crónica para recordar, cuando le echemos un vistazo, tantos y tantos momentos que disfrutamos en esta tan hermosa región italiana de la Emilia Romagna. 

Y antes de terminar, el agradecimiento a nuestro querido “cuidador” Ángel por hacer, con su esfuerzo y ganas, todo mucho más fácil, sobre todo dada la edad que la mayoría de los viajeros gastamos. Es un lujo sentirte a nuestro lado. Y también, nuestro agradecimiento a Carmen “vaya dúo”, por su dedicación a organizar estas escapadas tan increíblemente llenas de sitios y momentos que siempre vamos a recordar. 

F I N 

Adriano de Ory Cristelly.-