Paterna de Rivera es una pequeña población rural que actualmente depende de la Zona Básica de Salud de Medina-Paterna-Alcalá-Benalup. Tiene una limitada extensión pero es grande históricamente. Habitada desde el Neolítico, ya en Roma bizantinos y visigodos conocían las bondades de sus fuentes -los baños de Gigonza- y el carácter saludable de sus aguas. Hubo aquí un importante balneario hasta bien entrado el siglo XX. También es famosa por su importancia cultural relacionada con el cante flamenco -es cuna de la petenera, su agricultura y su mundialmente conocida ganadería brava e incluso caballos de raza árabe.
Actualmente tiene unos 5.500 habitantes y la tendencia poblacional es similar a la del resto de Andalucía en relación al aumento del envejecimiento de la población. El índice de dependencia (mayores + menores / población activa) es moderado-alto, que probablemente aumentará por la natalidad escasa y la emigración de los jóvenes.
El centro local de salud ostenta el nombre propio del ilustre Dr. Gonzalo Pérez Fabra, que durante el pasado siglo fue la figura del auténtico médico rural para este bonito pueblo.
Me reúno con el Dr. Jose Antonio Bernal, médico rural en Paterna de Rivera desde hace veintitrés años. Es el médico del centro que actualmente más tiempo lleva ejerciendo en el pueblo. Natural de Jerez, estudió en la Facultad de Medicina de Cádiz, licenciándose en 1991.
No estamos en su despacho habitual porque tras los daños de las lluvias lo están pintando. Me recibe tras una jornada de tarde completa con su agenda repleta -o repletísima- de citas, y ya estamos incluso fuera de su horario, pero todavía tiene público esperando en la puerta, que me miran con recelo por si retraso su consulta con el Dr. Bernal.
Jose Antonio Bernal: Termino de atender a esta familia que me está esperando y ya hablamos, ¿vale?. Es que es un tema que no puede demorarse, Antonio.
Antonio García Navas: Por supuesto, sin problema.
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AGN: Ante todo agradecer tu tiempo, Jose Antonio. Sé que siempre andas muy ocupado
JAB: En absoluto Antonio, estoy a tu disposición como sabes.
AGN: Llevas ya en Paterna más de veinte años, ¿verdad? ¿Aprobaste la oposición directamente aquí?
JAB: Son ya 23 años en Paterna. Bueno, primero estuve haciendo sustituciones que nos ofrecían en aquella época, casi siempre vacaciones o bajas laborales. Así conocí El Gastor, Arcos, diferentes centros de Jerez, etcétera. Estuve ejerciendo en la medicina privada en esos periodos sin otro trabajo. Finalmente me ofrecieron una interinidad aquí en Paterna y al superar la oposición elegí este destino.
AGN: Elegiste aquí la plaza porque descubriste tu vocación en la medicina rural, ¿verdad?
JAB: Así es. La verdad es que siempre me he encontrado aquí muy a gusto. Los pocos días sueltos que hacía antes no te ayudaban a cogerle el gusto a la medicina urbana o rural, pero con el tiempo en la interinidad, me di cuenta de que este es mi sitio. Y pienso jubilarme aquí, si la situación sigue igual.
AGN ¿Pensaste en alguna ocasión cambiar de destino o de provincia para mejorar, dada la situación tan complicada que sufrimos en aquella época?
JAB: Siempre me he mantenido en Cadiz, incluso para estudiar durante la carrera. Mi vinculación familiar ha sido determinante.

AGN: ¿Nunca te atrajo el hospital?
JABl: No, la verdad. El trabajo en Primaria siempre me ha parecido más próximo. Curiosamente, de joven yo quería ser neurocirujano, a pesar de que en mi familia, que es de Jerez, no había ningún médico. Pero mi experiencia en rural lo modificó todo, me siento muy cómodo y disfruto con la capacidad de atender a los pacientes con confianza y con tiempo.
AGN: Hablando de los pacientes de aquí, imagino que te encontraste principalmente con personas muy mayores.
JAB: Sí, exactamente. También encontré en ellos desconocimiento sobre la salud y los cuidados en salud. Son muy agradecidos y nos entienden, incluso cuando no estamos tan acertados (risas). Necesitaban un lenguaje cercano, hablarles de frente sin usar términos científicos para que te entendieran. Y necesitaban confianza, un profesional en quien confiar en las situaciones más importantes relacionadas con su salud.
Veo a la hija, a la madre y a la familia y eso te une profundamente. ¡Bueno, he sido hasta el Rey Baltasar!.
AGN: Después de 23 años aquí, ya no conoces solo la historia clínica, conoces a la persona, a su familia y a la comunidad. ¿Cómo vives esa relación especial?
JAB: Me llena mucho y facilita mucho mi trabajo. Conozco por su nombre a casi todos. A veces, simplemente al ver a un paciente con un determinado problema y cómo le afecta, cómo lo vive, el poder hablar de tú a tú, explicarle las cosas y que salga de la consulta con confianza e incluso con una sonrisa, es suficiente. Me llena, como te dije, pero también deriva mucha responsabilidad y gran esfuerzo. No solo conoces a la persona sino a su familia, a su comunidad. En alguna ocasión, en casa, da un poco de pereza volver a empezar cada dia una agenda que no para de aumentar, pero la verdad es que en cuanto llego al centro se me olvida porque disfruto trabajando y ayudando.
AGN: Sientes un compromiso fuerte con este pueblo ¿Cómo definirías esa vinculación?
JAB: Totalmente, me siento muy unido al pueblo, como dices. Conozco a muchas familias desde incluso el embarazo (en alguna ocasión he tenido que asistir el parto), el crecimiento de la familia, los impactos en la dinámica familiar, la salud de sus miembros, sus dudas, etcétera. A veces puede ser una situación incómoda porque esto requiere más implicación, hay mucha responsabilidad por tanto y siempre hay que estar a la altura de las expectativas, pero veo a la hija, a la madre y a la familia y eso te une profundamente. ¡Bueno, he sido hasta el Rey Baltasar!. Como sabes, soy un auténtico runner. Algunos miércoles salgo a caminar con todos los paterneros que lo hacen conjuntamente todas las semanas. También participo en las carreras que se organizan. Es una actividad muy grata, y saludable. Me siento muy satisfecho de intentar, por lo menos, hacer que todo funcione y no quedarnos atrás en nuestra capacidad para ello. De esta forma, creo que ayudo a implicar a mis pacientes en actividades saludables.
Necesitamos mejorar la comunicación con el paciente. Es lo menos caro, pero lo principal.
AGN: En el entorno rural hay grandes retos. En vuestro caso, el hospital más cercano está a unos 30 o 40 minutos en transporte médico urgente. El médico está solo con el enfermero y muchas veces sin el celador. ¿Cómo manejas este estrés de enfrentarse día a día a cualquier tipo de urgencia, emergencia o incluso accidentes de tráfico?
JAB: Aquí atendemos todo. No es que disfrute atendiendo esas urgencias, pero estar solo me ha obligado a formarme y aprender; no me genera un estrés que me impida saber atenderlos. Al salir de la facultad no te imaginas lo que te vas a encontrar. Te soy sincero: al principio estaba un poco verde, inexperto en algunas situaciones clínicas. Estoy muy agradecido a todos los compañeros con más experiencia con los que he coincidido, muchos de ellos enfermeros. Fueron y siguen siendo de gran ayuda. El día a día nos hace mejor equipo y hay que continuar formándonos.
AGN: ¿Y qué necesidades principales ves actualmente en primaria aquí en el pueblo? ¿Qué retos encuentras en la medicina rural?
JABl: Pues sí, en este pueblo en concreto tenemos bastantes recursos, nada comparable con la situación de hace unos años, pero principalmente necesitamos tiempo para poder atender mejor a los pacientes. Y mejorar la comunicación con el paciente. Es lo menos caro, pero lo principal. Las agendas son limitadas y las urgencias intercaladas, la burocracia, informes, la atención a las teleconsultas van limitándonos ese tiempo. Muchas veces vengo con mucha antelación y tengo que irme más tarde, no queda más remedio. Desde luego la situación actual en el centro es mejor con diferencia. El equipo que tenemos actualmente es muy diferente al que teníamos hace unos años. Podemos atender más estas necesidades del centro. Necesitaría más tiempo para poder usar el magnífico ecógrafo que tenemos en el centro, o para realizar infiltraciones. Sin duda podríamos ser más resolutivos, pero para la formación necesitamos tiempo, y ya ves…
AGN: Hablando de las teleconsultas, ¿cómo ves esta modalidad o esta herramienta para atender a los pacientes en el medio rural?
JAB: Veo una mejora relativa, Antonio. Está sirviendo para dar respuestas, sí, pero da la sensación de que está perdiendo la presencialidad. Al paciente no lo ve el compañero hospitalario, ni el paciente identifica al médico hospitalario. Algo importante en la relación médico paciente se pierde. Es muy útil para consultar con los compañeros desde luego, pero se emplea demasiado. En la pandemia tuvo su indicación y necesidad, pero ahora parece más una medida de gestión que una respuesta a las necesidades del paciente. De todas formas, si la empleamos, necesitamos unos tiempos adecuados de respuesta, tiempo para atender las respuestas y que no desaparezca la posibilidad de derivación presencial. A veces creo que nos ha aumentado la burocracia en la consulta.
AGN: Sobre nuestro trabajo como docentes. Muchas veces para seguir aprendiendo hay que enseñar, ¿no crees? ¿Cómo ves la docencia en rural?, ¿van los residentes por el centro?
JAB: Vienen pocos residentes. Suelen elegir centros rurales más grandes y cercanos a las ciudades o a sus hospitales y quizás tendrían que rotar más tiempo en rural. Estamos algo apartados y entiendo que no es cómodo venir. Tampoco se les compensa por el gasto de esos desplazamientos y ya sabes que si nuestro sueldo es escaso, el de residente lo es aún más. De los universitarios podemos hablar más ya que algunos son de Paterna y les viene muy bien aquí hacer sus rotatorios. Incluso, algunos de Paterna han venido en vacaciones de forma voluntaria.
Propondría que residentes de otras especialidades rotaran por medicina de familia y. si es posible, rural, para que conocieran realmente los aspectos más ‘internos’ de esta medicina
AGN: ¿Qué podemos hacer para hacer más atractiva nuestra especialidad como médicos rurales?, ¿qué hace falta?
JAB: Yo creo que hay poca formación durante la carrera en medicina familiar. La Universidad de Cadiz debería enseñar más sobre medicina de familia y medicina rural, por supuesto. Quizá habría que acercar más la medicina rural a la Facultad. Darnos a conocer. La mayoría de los estudiantes quieren ser dermatólogos o cirujanos, pero creo que es porque no viven la experiencia en rural, la relación médico paciente que se establece y de la que hemos hablado. Tenemos que formar parte de su formación y de su vocación de una manera más patente. Y por supuesto hacer más atractivo el destino, facilitar los desplazamientos, contratos adecuados, capacidad de asegurar sus permisos y vacaciones. Yo propondría que residentes de otras especialidades rotaran por medicina de familia y. si es posible, rural, para que conocieran realmente los aspectos más ‘internos’ de esta medicina y algunos cambiaran la opinión que tienen sobre ella y sobre nosotros.
AGN: Pero ¿cómo hacemos que elijan los contratos de rural y no los vivan como los de “castigo” o “consolación”?
JAB: Pues ofreciendo contratos más largos principalmente e incentivos económicos. También informando sobre nuestros destinos. No estamos tan lejos. En mis primeros tiempos rechacé algunos contratos por desconocer realmente la distancia. E incluso incrementar la baremación en bolsa y oposiciones y también facilitar la estancia.
AGN: Vamos a pasar ahora a hablar de coordinación con los otros niveles asistenciales, ¿te parece? ¿Has notado en estos años cambios en la coordinación?
JAB: Cuando realmente he necesitado celeridad en la atención o en una consulta, llamo por teléfono directamente y contacto médico con médico. No he tenido problemas a este respecto más allá de la demora habitual. Cada vez percibo más reconocida nuestra labor. Pero siempre podemos mejorar, desde luego. Quizá echo de menos actividades formativas conjuntas.
Ese ambiente vecinal que había antiguamente con las casas de vecinos en el que la convivencia era mayor, todavía lo percibo en Paterna.
AGN: Y en estos años, ¿ha cambiado el perfil del paciente?, ¿ha cambiado la población?
JAB: Sí, quizás atendemos más crónicos y mayores. Ha aumentado mucho la edad media de la población. Sin embargo, no percibo tanto la soledad como veo que hay en el medio urbano. Las familias están agrupadas, su entorno y los vecinos, desde luego. Ese ambiente vecinal que había antiguamente con las casas de vecinos en el que la convivencia era mayor, todavía lo percibo en Paterna. También veo un aumento de las exigencias, son más exigentes, de la inmediatez -lo quieren todo ahora, ya-.
AGN: ¿Algo ha cambiado el pueblo con las nuevas tecnologías?, ¿con el uso de los móviles y otros dispositivos?
JAB: Como en otros sitios. Como en todos lados. Es algo general tanto en rural como urbano. Sin embargo, las IA sí me preocupan en general. Me dan ‘miedo’.
AGN: Pero ¿no ves las IA como una herramienta?, ¿algo que sirve para mejorar?
JAB: Hay que limitar sus funciones. Va muy rápido y no veo claramente que nadie esté limitando. ¿Renovarán los medicamentos, por ejemplo? No es un simple ejercicio administrativo, es todo un acto médico. ¿Tratarán procesos banales o no comprometidos? Hoy he estado intentando explicarle a un paciente que hacer una receta no es una simple firma y me ha sido difícil hacérselo entender. Podría ser que aceptara una receta de una IA con tal de obtener su receta. Ten en cuenta que esto está avanzando muy rápidamente.
AGN: ¡Qué entrevista tan entretenida, Jose Antonio, desde luego! Vamos a ir resumiendo un poco. ¿Cuáles crees que son los elementos clave que se necesitan para que el medio rural sea un lugar adecuado para el desarrollo profesional de los médicos de familia?
JAB: Principalmente facilitar el acceso a la formación, al conocimiento de la medicina rural, el conocimiento pregrado y de los residentes. Por supuesto, condiciones económicas y laborales, y mejor gestión de nuestro tiempo. Nuestro trabajo no parece atractivo a otros. No podemos seguir viendo pacientes al por mayor. Necesitamos que se dimensionen unos cupos acordes a los pacientes, no al volumen de los pacientes. El reconocimiento y conocimiento de nuestro trabajo por parte de todos también ayuda, y me refiero también a otras especialidades médicas como son las hospitalarias. Cambiarían su visión viendo la realidad de trabajar en la salud de un paciente, de un enfermo, en el seno de su familia, en su casa, en su querido pueblo.
Muchas gracias, Antonio, por dejarme transmitir lo que pienso sobre nuestra gran y querida profesión en este medio, donde se demuestra que nos mueve la vocación y el interés por solucionar problemas a personas que viven -y lo subrayo- con nosotros.

